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Tauromaquia III: Toros y tradición.

Martes, julio 27th, 2010

Nunca me han gustado los nacionalismos, por sus tendencia a etiquetar, a constreñir, a despreciar la diversidad. Todos los nacionalismos, desde el catalán, el vasco o el español, tienen una extraña tendencia a simplificar la historia, a adaptarla a sus necesidades, a dogmatizarla y, en definitiva, a menospreciar toda relativización de sus máximas necesarias de existencia, de cualquiera de sus dogmas. Negar, por ejemplo, sobre la base de la historia, la existencia de ningún “estado” catalán en el pasado, o incluso de la existencia de cualquier pais catalán, supone la quiebra, la barrenación de sus cimientos. Por alguna extraña razón, el nacionalismo español ha hecho de los toros (quizá por oposición al absurdo antitaurinismo catalanista), una bandera de defensa de principios, uno de esos dogmas absolutos que ni comparto, ni entiendo necesaria y, por ello, rechazo.

Muchos avances sociales se han visto enfrentados a la bandera de la tradición. Cuando el cristianismo se implantó en el mundo, tropezó con la tradición. Numerosos autores clásicos, que veian la tradición romana en peligro, se opusieron fieramente al cristianismo por lo que suponía de ruptura con la tradición que, al menos en teoría, tan bien les había funcionado. En nombre de la tradición se han defendido las luchas de gladiadores, la esclavitud, los sacrificios humanos. Todo ello indefendible desde la ética cristiana. Hoy día, también desde criterios supuestamente cristianos y con la tradición como trasfondo, se defiende la pena de muerte en muchos lugares.

Dejado claro pues que la tradición no es motivo suficiente para justificar la permanencia de nada, queda por determinar si el cambio ético es suficiente para parar, prohibir la  “fiesta” taurina. Pienso que sí. Mucha legislación ha entrado en nuestro ordenamieno jurídico como para permitir perfilar un conjunto de derechos de los animales. Si a pesar de todos los condicionantes en contra, diferentes normas (administrativas, penales, etc.), configuran toda una batería de derechos de los animales (en transporte, en crianza o en formas de sacrificio, en persecución del maltrato y prohibición de fiestas crueles), significa que existe una serie de principios arraigados en nuestra sociedad y que poco a poco entran en más gente. Que hay otras vias que solucionar es claro, pero muchas de ellas están, al menos sobre el papel, ya reguladas y solo falta que las administraciones actúen con mayor fuerza en caso de incumplimiento.

Se me dirá que grandes clásicos han hablado de los toros y de la tauromaquia. Los han retratado en cuadros, en la literatura, en multitud de lugares. ¿Y?. ¿Alguien reconoce la España del Lazarillo de Tormes en la España actual? ¿Tenemos las mismas tradiciones que entonces? Si hemos avanzado, ¿por qué conservar vestigios del pasado? Sinceramente, creo que no son necesarios. Creo que podemos vivir sin ellos y entrar, de una vez por todas, en la modernidad por la que tanto han suspirado muchísimos más autores que los que han defendido la tauromaquia.

Tauromaquia (I): Toreros y Artistas

Viernes, marzo 12th, 2010

No, no he cambiado. Cualquiera que conociera mi blog en su anterior etapa sabe que soy un acérrimo defensor de los derechos de los animales y, por ende, un antitaurino redomado. Encima, los que me conocen algo más saben que el principio rector de mi vida es el uso de la Razón, de nuestra capacidad de raciocinio, y llegados a este punto, es donde tropiezo una y otra vez con los raros, extraños, sobrenaturales y místicos argumentos de los taurinos y es donde, lo siento, no trago. Puestos a poner en la balanza de la razón tan peregrinos argumentos con la gratuidad del sufrimiento de un ser vivo, lo siento, el peso se desequilibra una y mil veces hacia el anti.

El primer argumento a salvar es la valoración artística de los toros. Valoremos. ¿Es el arte subjetivo? Sin duda. Más allá de la valoración unánime de los genios del arte como “artistas”  (pensemos en un Miguel Angel, un Mozart o un Miguel Delibes (q.e.p.d)). Todos ellos son considerados artistas, pero existen una serie de transgresores que son considerados artistas por unos, y no por otros. Sin duda, los toreros, todos ellos sin excepción, entran en esta categoría, pues por la razón que sea, ninguno de ellos es considerado artista más que por sus admiradores. Incluso alguien que no sea amante de la música clásica encontrará en Bach o en Mozart elementos de genialidad, aunque solo sea por referencias indirectas. ¿Qué amante del Heavy Metal no se embelesaba escuchando a John Lord cuando interpretaba a Bach en los intermedios de los conciertos de Deep Purple?.

Pensemos en toreros. Pensemos en toreros reputados y aclamados. Ya no digo un Jesulín, a quien los entendidos reconocen más méritos aparte de estar casado con la Esteban. No hace mucho leí críticas diciendo que Jesulín es algo más que un torero mediático y alababan su faena en no sé que plaza. Pensemos en un Espartaco. Pensemos en un Cordobés. Seguro que a un entendido se le ocurre muchos más.  No son ellos adalides de la palabra, ni seres interesantes de leer, ni de escuchar (ni siquiera cantando). Son artistas porque manejan bien la capa, como entonces sería artista el paleta de una obra que hace bien su oficio. ¿Se le debe suponer al artista cultura o inteligencia?. Pues no lo sé, pero hasta Miguel Hernández, a quien equivocadamente se asocia al analfabetismo (como si un pastor por obligación, no pudiera ser letrado), tenía cosas interesantes que decir y que aportar. Cualquier poeta, pintor, músico, artista con mayúsculas tiene algo interesante que ofrecer. No así, en cambio, los toreros, a quienes se valora más su buen oficio que su faceta de artista. Si razonan, hasta el más acérrimo defensor de los toros verán esta faceta de “buen hacer” que de artista. La pregunta políticamente incorrecta es: ¿Caben artistas incultos, analfabetos o incluso un poquito “borderline“?

Tengo que decir en honor a la verdad que fui compañero de carrera de un torero con el que además tenia amigos comunes y alguna vez coincidí con él. Vicente Barrera estudió derecho en los mismos años que yo y alguna tarde que otra coincidimos por la zona de la Biblioteca de la ya vieja facultad de derecho de Valencia. Siempre hay honrosas excepciones. No obstante, no es, desde luego, condición indispensable, como demuestra su más que limitado éxito en el firmamento del toreo en España.

¿Dónde está pues el arte del toreo? ¿En los toreros? ¿En el toro? ¿Por qué un “artista” del toreo no es capaz de sacar arte si el toro es malo? ¿Por qué cuando el toro es bueno, el torero triunfa y con un poco de suerte, al toro se le indulta? ¿No será que el auténtico artista es el toro?. Si no matásemos a los toros buenos, los toreros triunfarían más veces. Pero claro. Es que los toros que embisten se terminan viciando y al final, ya no sirve. Visión utilitarista del toro, y de los animales en general, tan arraigada en la España profunda (hoy rescatada con tintes de tradición). Ya le dedicaremos a esto un punto aparte.

Fin de la primera parte.. continuará en comentarios… o no.