Sin ánimo de ser exhaustivo, porque no es el caso de introducirse en berenjenales históricos, aunque luego en sede de comentarios, si llegan, se puede profundizar todo lo que se quiera, voy a comentar someramente por qué el caso catalán y el escocés no tienen mucho en común, por no decir nada y por qué, sin embargo, uno puede servir como ejemplo del otro.
Digamos en primer lugar que la génesis de ambos posibles estados es radicalmente diferente. Escocia fue independiente en un tiempo. Cataluña jamás lo ha sido. Hubo Reyes de Escocia. Reyes que se enfrentaron en guerras a los Reyes de Inglaterra. Hubo entre ellos guerras religiosas. La Escocia católica contra la Inglaterra protestante. Jamás hubo nada similar por parte de Cataluña. A pesar de los mitos constitutivos de los que hablan los nacionalistas, jamás hubo una corona de Cataluña. Ni nada que se le pareciera. Hubo un Reino de Aragón que en determinados momentos tuvo enfrentamientos con el Reino de Castilla, y en un momento determinado, un matrimonio que dió origen a un Estado, a una nación que mantuvo y mantiene fuertes lazos y también mantuvo y respetó las diferencias. Hasta tal punto que incluso hay que recordar a estos gilipollas nacionalistas que cuando fueron abolidos los fueros abolidas ciertas instituciones por los Decretos de Nueva Planta, se hizo porque Cataluña había tomado partido por el perdedor en la guerra de Sucesión. OJO, GUERRA DE SUCESION DE LA CORONA DE ESPAÑA. Nada de independencia catalana ni cosas parecidas, no.
Existe un fuerte sentimiento nacional en los escoceses. Tanto o más que en los catalanes. Es un insulto llamar a los escoceses ingleses. No tanto británicos. Hace muchos años que vienen reclamando la autonomía. Una autonomía, por cierto, similar a la catalana. Eso es lo que siempre han reclamado. Algo que en Gran Bretaña, curiosamente, no es bien aceptado. Pero son insistentes. No poca fama de cabezotas tienen los escoceses. De cabezotas y de tacaños. Y tanto han insistido que al final, en Londres han decidido acabar de una vez por todas con este galimatías… Con un referendum. Pero ojo… Desde Londres les han dicho. Mira, vamos al grano directamente. Nada de pasos intermedios, que sois muy cabezotas y muy pesados.. Votad la independencia ya… Según las encuestas, no llega al 20% el número de escoceses a favor de la independencia.
Y sobre esa premisa, para callarlos para siempre, es sobre la que han decidido hacer el referéndum y sobre lo que van a votar… Verás tú como ese mismo referéndum no se va a celebrar nunca en Irlanda del Norte. Ahí el tema estaría mucho más ajustado y el enfrentamiento armado es demasiado cercano.
¿Sería posible celebrar en España un referéndum de esas características? Entiendo que si. Posiblemente sin cambiar la constitución. Al fin y al cabo en la misma se dispone la organización del Estado. Esa organización del estado no cambiaría por la secesión de una comunidad. El resto del Estado podría organizarse igual. Con buena voluntad, todo es posible. La pregunta, entonces, es ¿sería deseable? Indudablemente supone un gran problema que llegaría incluso a adquirir dimensiones éticas. Un referéndum de estas características conlleva un montón de preguntas. Desde si afectaría a toda Cataluña como una circuncripción única hasta si debería votarse en el resto de España. Nada que no pueda resolverse con buena voluntad. E incluso con mala. Desde mi punto de vista una consulta de esas características, vinculante y con todas las cosas explicadas, no obtendría una victoria tan clara del SI.
Convocar un referéndum de estas características tendría dos efectos interesantes.
1.-Forzaría a retratarse definitivamente a esos nacionalismos victimistas y chantajistas y, por otro lado, obligaría a retratarse también a la sociedad catalana y, en definitiva, nos obligaría a todos a presentar argumentos.
2.- Si ganara el SI, entraríamos en una nueva etapa del desarrollo europeo. Nada que no se pueda superar. Creo que lo pasarían peor los catalanes que el resto de España. Si ganara el NO, se podrían imponer condiciones a los perdedores. Suprimir la educación guiada y manipuladora actual, las legislaciones sobre rotulación, etc.
En definitiva, aunque es un caso diferente y con implicaciones diametralmente opuestas, el escocés podría ser un ejemplo de cómo, a efectos prácticos, un referéndum de estas características podría ser, antes que un problema, una solución catártica, una idea nada despreciable en los momentos que corren.